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domingo, 13 de marzo de 2016

PATAGONIA INMENSA…PARTE 3

 

DE NUEVO EN EL LADO ARGENTINO, Y UNA VEZ MAS A CHILE


Estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada
Vicente Huidobro 
 

Nos despertamos temprano, los kilómetros no perdonan y nos faltaba mucho por recorrer.
Fuimos directo a la Cueva de las Manos tal como lo habíamos planeado. Son solo 50 kms de desvío desde la Ruta 40 y aunque el camino es de ripio, está bien pisado, así que llegamos sin contratiempos como a las 7:30 de la mañana. 


Por supuesto no había nadie a esa hora y las cuevas están abiertas sin restricción de entrada, así que dejamos volar la imaginación y viajamos en el tiempo unos 10000 años atrás. Fue un contacto directo y solitario con esas paredes tapizadas de pinturas rupestres representando manos, figuras geométricas, guanacos y escenas de cacería de colores rojos, ocres, blancos y negros. La manos fueron usadas como plantillas rociándoles pintura encima y así logrando el efecto de silueta.  Un poco más tarde llegó el guía que nos contó anécdotas y detalles históricos que enriquecieron todavía más nuestra visita.



Después bajamos al Rio Pinturas que le da el nombre al cañadón donde están las cuevas y exploramos el bosque como si fuéramos los primeros. 



De ahí seguimos nuestro camino hacia el siguiente destino: El Calafate. Muchísimo que recorrer todavía, unos 500 kilometros al sur. Fue un día largo y casi anocheciendo llegamos al pueblo que aloja a la gente que va a conocer al Glaciar Perito Moreno del que tanto había escuchado hablar.
El Calafate es una ciudad entregada al turismo. Su calle principal está llena de tiendas de recuerdos y souvenirs, agencias de viajes hoteles. Entre la cantidad de hoteles, posadas y cabañas disponibles, escogimos el Design Suites Calafate, un lujo para nuestras más recientes opciones. Nos resultó un oasis de comodidad. Piscina temperada, desayuno incluido y las habitaciones con vista al Lago Argentino, que esa noche reflejaba una espectacular luna llena.
Dormimos como reyes y, una vez más muy temprano ya estábamos en camino al plan máximo del día, el Parque Nacional Los Glaciares. Manejamos más de media hora hasta la entrada donde se paga una tarifa para extranjeros de AR$ 260 por persona y luego un rato más hasta el mirador. A esa hora de la mañana, éramos los únicos!! Toda esa inmensidad er nuestra. Cero clicks de cámaras, voces exclamando, solo el estruendo ocasional de los gigantescos pedazos de hielo que se desprendían y se desplomaban en el agua. a pesar de tener amigos que habían estado en este lugar antes que yo, nadie me había preparado para o que iba a ver. Cuesta describir la sensación sede pequeñez ante este coloso de la Naturaleza. Se te eriza la piel. Lloras de emoción. Te maravilla darte cuenta que el glaciar está vivo y en constante movimiento sobre el agua.







Por cosas de tiempo nosotros no hicimos el paseo en barco por el Glaciar, pero anoten ahi, la navegación y para los más osados pueden subir el glaciar y dar una caminata en botas con crampones.  Lo imagino como una experiencia inolvidable!


A El Calafate se llega en avión desde Buenos Aires. Cero excusas. Hay vuelos diarios de LAN y Aerolineas Argentinas. Hay que ir!!!
Y como si nuestro encuentro con el Glaciar perito Moreno, no fuera suficiente para el alma, seguimos camino una vez más a Chile. Tampoco queríamos pasar por alto las Torres del Paine, tantas veces leído, tan fotografiado y tan cerca; Para nosotros 250 kms es un paseo). Lo único mal calculado fue la cantidad de gasolina de nuestro tanque y la escasez de estaciones de servicio en la ruta. Veíamos lo que pasaba pero no encontrábamos solución. El GPS marcaba los pueblos y al llegar estaban abandonados. Cruzamos la frontera por el Paso Fronterizo Rio Don Guillermo. Una vez del lado chileno comenzamos a recorrer la infinita ruta. Hacía mucho frío ese día. Todos íbamos mudos dentro de la camioneta, así como para empujarla con la mente hasta el limite. Yo calculaba la distancia al siguiente pueblo en kilómetros de maratón y pensaba en mis amigas corredoras. Faltan 42, faltan 21 y así, sin perder la esperanza, llegamos a un caserío que tenía parado un camión cisterna. Nos habíamos salvado. Pocos después llegamos al pueblo puerta de acceso al Parque. Pagamos el costo de la entrada que para extranjero es alrededor de unos US$ 26 en temporada alta y como US$ 14 en baja. De ahí en adelante todo fue fiesta visual. Esos inmensos picos de granito moldeados por la fuerza del hielo te dejan perplejo. Estas realmente ante la Naturaleza en su estado más puro.
 








Puedes pasar varios días haciendo excursiones durante el día y luego pasar la noche en alguno de los refugios del parque o también alojarte en el hotel del grupo Explora, a todo lujo!!!!
Si te gusta más la serenidad puedes hacer un paseo en barco por el Lago Grey, disfrutando de un whisky con hielo glaciar.
A poco más de 100 kms al sur se encuentra Puerto Natales, una ciudad portuaria tranquila, casi desolada. A pesar de que me hubiera querido quedar en el Singular, un lugar que fue un frigorífico y luego remodelado a hotel de lujo, pasamos la noche en Martin Gusinde, un hotelito pequeño sin ínfulas, pero que sirvió su propósito: el descanso necesario después de un largo día. Esa noche comido en Sushi G. Lo recomiendo totalmente. Nos encantó, no esperábamos encontrar un sushi con talento en ese pueblo. Además hacen su propia cerveza. 




 

En la entrada de Puerto Natales, muy cerca del Hotel Singular, queda el desvío de la cueva del Milodón, una enorme pereza prehistorica que vivió allí miles de años atrás. La cueva en sí es muy interesante, al igual que la historia del animal y su descubrimiento.

Y una vez agarramos camino, todavía queda más sur…ahora si vamos directo al destino final, Ushuaia. Promete ser un día largo!

 

martes, 2 de junio de 2015

PATAGONIA INMENSA...PARTE 2

SEGUIMOS AQUI

 

Recordar un buen momento es sentirse feliz de nuevo
Gabriela Mistral
 
Casi sin amanecer y entusiasmados por las recomendaciones de nuestros anfitriones, salimos del Cinco Rios Lodge www.cincorios.cl/  a continuar nuestro recorrido dirección sur por la Carretera Austral, la ruta 7. Originalmente pensábamos cruzar a Argentina por el Paso Huemules, pero seducidos por las historias y las descripciones de lo que nos venía adelante, decidimos quedarnos en Chile un rato más. De todas maneras nos pareció un desvío aceptable. El sol se abrió paso entre las nubes y nos acompañó en todo el recorrido. Fuimos pasando lagos y lagunas de intensos azules, y montañas coronadas por picos nevados. El recorrido por  el Parque Nacional Cerro Castillo, en carretera de asfalto, tiene subidas empinadas, y luego bajadas con pendientes fuertes y vistas panorámicas del valle del Rio Ibañez y de las montañas que lo rodean.
Nuestro destino era un poco alejado pero habíamos hecho cálculos del tiempo y los kilómetros a recorrer y todo parecía estar en orden. Aún así el camino se hizo más largo de lo esperado y sin darnos cuenta, entre buscar algún huemul, los casi extintos ciervos patagónicos,  o cruzarnos con alguna liebre, terminamos llegando al mediodía a Puerto Rio Tranquilo. Fuimos siguiendo instrucciones al pie de la letra: pongan gasolina porque después no hay bombas, almuercen en el restaurant del medio (sólo había tres que parecían idénticos, con comida casera y cero pretensiones), y lo más importante, no dejen de hacer el paseo a las Capillas de Mármol en el Lago Carrera.
Bueno, el sólo hecho disfrutar estar frente al Lago General Carrera (que es el Lago Argentino en Argentina) es algo espectacular; Es inmenso, el segundo más grande de Suramérica, de un azul profundo y rodeado de cumbres, pero nos faltaba el paseíto a las Capillas y la verdad que se nos estaba complicando el plan. Las lanchas no estaban trabajando porque no había casi turismo en esa época, y la única que había disponible, estaba siendo contratada por un grupo de jóvenes chilenos que querían ir solos. Casi retirándonos decidimos insistir una última vez y fuimos aceptados. Subiríamos a la embarcación con el grupito. 


Tuvimos que caminar como un kilómetro hasta el lugar donde estaba anclada la precaria lancha. Por segundos pensamos en un naufragio en esas aguas heladas. Nos advirtieron que era un recorrido más o menos largo. De hecho el paseo duró como una hora.
Llegar a esos acantilados y descubrir su secreto fue algo que nos quitó la palabra por momentos. Fue algo mágico. Las Capillas y la Catedral son cuevas de colores blancos y cremas, formadas por erosión de años que hacen contraste con el color cristalino del agua.  Llegas en la lancha hasta adentro e incluso en alguna te puedes bajar. Para mi superaron a la gruta Azul en Capri. Este santuario de la Naturaleza queda alejado de todo. Llegar es difícil, además no hay alojamiento cercano, ni nada. Para algunos eso nos resulta más atractivo, pero la realidad es que el acceso hace que sea un destino turístico poco visitado.



Estábamos en éxtasis con este descubrimiento, uno de los secretos guardados del sur de Chile, que no nos dimos cuenta que se nos hacía tarde. Seguimos entonces camino, ahora sí decididos a llegar antes del cierre de la frontera.
Pasamos el lago Bertrand y el caudaloso río Baker (no se dice Beiker). Un poco más adelante, tomamos el desvió en dirección a Valle Chacabuco. Nos quedaban más de 160 kms de carretera de tierra, pero por el momento, nuestra meta era llegar antes que se fueran los gendarmes del Paso de frontera.
En la ruta, vimos algunos ñandúes y un ocasional guanaco. Ramon, experto en fauna patagónica nos desaconsejó acercarnos. Nos explicó que aparte de ser rápidos, los guanacos escupen a distancia. Insistimos y para sorpresa nuestra, este guanaco era solo el centinela. Fue tarde cuando nos vimos atrapadas entre una manada de unos cincuenta de estos animales, ancestrales pobladores de la Patagonia. Parecía que el día no terminaba de sorprendernos.


Seguimos recorriendo sobre la nada. Ni el GPS sabia ubicar nuestro paradero. Vimos una casa en una colina y decidimos que era propiedad de cuestionado americano que ha comprado grandes extensiones de tierra en Argentina y Chile con propósitos de conservación del todo el ecosistema de la Patagonia. 


Finalmente ya oscuro pero iluminados por una luna llena que se aventuró esa noche, llegamos al Paso Roballos. Fuimos los únicos en cruzarlo ese día. Nos sentíamos héroes. Al poco rato ya estábamos en tierras de San Martin, pero todavía lejos de cualquier poblado, ni asomo de luz eléctrica. apagamos las luces de la camioneta y nos quedamos ahí en silencio, mirando las estrellas y el cielo infinito. Creo que los tres acordamos que ese día tuvo un misticismo especial.



Llegamos como a las 11 de la noche a Bajo Caracoles. Sabíamos que era un pueblo precario pero lo más cercano a la Cueva de las Manos. Nuestra visita de la mañana siguiente. En Bajo Caracoles hay un sólo hotel: Hotel Bajo Caracoles. El único problema es que las encargadas dormían. Tuvimos que tocar varias ventanas hasta que aparecieron y nos atendieron, inclusive nos hicieron unos sanduches y compramos unos jugos. El hotel es totalmente precario. Baño común y un cuarto helado con una estufita que debe dar calor hasta medio metro de distancia. Nunca he pasado tanto frío desde aquel 31 de diciembre durmiendo en carpas beréberes en el desierto de Erg Chebbi en Marruecos.