lunes, 18 de agosto de 2014

NUEVA YORK: verano gastrónomico


Chef Boulud, on cooking with truffles: "If you can afford it, go for it."



Dedicar el clímax del verano a la ciudad de Nueva York es para pensárselo dos veces, pero de vez en cuando la vida te lleva a lugares sin dejarte escoger, y la verdad que es casi inaceptable quejarse. Esta ciudad es la capital del mundo, es inagotable, solo hay que aprender a disfrutarla. Desde el punto de su comida yo lo logré, y es mi cuerpo quien ahora reclama.
Aquí no  menciono ninguno de los restaurantes tradicionales de NY, tipo Le Bernardin o Mac Donalds o BLT, Balthazar, Amaranth, Via Quadronno, Mezzaluna…  Esta es una lista diferente, aventurera. Les prometo que la comida será deliciosa, y todos los lugares con full ambiente.

 
Sin ningún orden:
1- Salinas es tipo high end español, con unos arroces del más allá. El techo, si la noche esta linda,  lo abren (como el Lasserre de Paris)
139 9th Ave


 2- Hanjan es coreano. Hay que probar de todo. La comida es algo picante, pero buenísima, distinta. Es un lugar pequeño como para ir dos o max 4 personas. Me tome un drink  de ginebra con jugo de melón blanco, algo sensacional. 
36 W 26 st. 
 

 3- Pergola es egipcio. No saben la comida. Los cigarros de phyllo una delicia. Después pedimos el shawarma descompuesto, como lo llamé yo, porque te lo traen todo separado en un plato y los panes a un lado. Es obligado compartir, es gigante! El restaurant queda en el Flower District, en el primer galpón de flores que hubo ahí. Conocimos al dueño, Ahmed. Un gigante. Mide lo mismo de alto que de ancho. Hay música.
36 W 28 st.






 











4- The Dutch. En Soho. Si estas shopping en Soho, y se te pasa la hora de almuerzo y no estas muerta de hambre, pero quieres una cosita, para aquí. Hay unas tablitas de queso con pancitos variados y te tomas un vinito y listo, sigues comprando. Hay otras cosas que pedir fuera de hora, pero no todo el menú, que por cierto es súper rico y completo.
131 Sullivan St.




 













5- The Spotted Pig. Les va a encantar, lo único es que no reservan y se llena. Tiene full ambiente. Se come lo que ahora llaman “confort food”.
314 W 11st


6- NoMad. He ido varias veces y me encanta. Me gusta todo el menú, pero sin duda lo que más me gusta del Nomad es el Library, que es el bar. Preparan unos drinks sensacionales, Siempre está lleno de gente linda. Los libros son de verdad y no comprados por metro. Vale la pena ver la forma como están ordenados. Además sirven unos pasapalos, como unas mega aceitunas rellenas de queso de cabra, que siempre me hacen pensar en quedarme toda la noche tomando y comiendo pasapalitos. Lo único malo del Nomad es que es dificil conseguir reservación.
1170 Broadway (en la 28 st)




7- Obicá es un mozarella bar. Traen la mozarella fresca de Italia cada dos días. Es un  restaurant italiano normal, pero cool. No puedes dejar de pedir la mozarella de pre-entrada. Para mi, la burrata. Tienen unos vinos italianos a buenos precios (de esto, no se nada). Hay otro arriba en Madison, pero yo fui al de enfrente del Flatiron. Lo hay en Milan y otras ciudades de Italia y también en Los Angeles.
928 Broadway
 


8- Il Buco. Para seguir con los italianos. Si quieres salir del ambiente newyorkino y realmente transportarte a una trattoria italiana, ve a comer a Il Buco. Tipico lugarcito rústico con mesas de madera. Me mató la panacotta con vinagre balsamico añejado encima. Demasiadoo
47 Bond St (es por  Noho)


9- Minetta Tavern. Aunque no tiene la mejor acústica, el restaurant tiene un ambientazo. Es del dueño de Balthazar y la comida de ese tipo, pero para los que saben comer, no dejen de pedir el Ossobuco de entrada. Parece que es the best; bueno,  el look lo es. Yo pedí el New York Strip que te lo traen cortado en rodajitas con el hueso a un lado; estaba suculento. Lo compartí. Era gigante.
La calle donde queda el Minetta es una nota, tiene full ambiente como para una caminata para bajar la comida.
176 Mc. Dougal St.


10- Lafayette. Me sorprendió este bistro. Música rica. Unas mesas afuera, que para el verano resultan lo máximo y la comida buena. Lo mejor fueron unos lomitos de pato que pidió alguna en la mesa. No duden. No sé porqué esa noche me gustó más que Balthzar que es más o menos el estilo, claro sin incluir  les Fruits de Mer de Balthazar en mi apreciación. Esas son “unparalleled”.
380 Lafayette St.





 









11- Oyster Bar. Hablando de ostras. Si les gustan, this is the place. Visitar la estación es algo que merece el desvío. Las ostras son ricas (para mi, las Blue Point), y es el lugar para ir a comerlas. Las traen en tren a diario. Son garantizadas frescas. Hay que sentarse en el “salón” que queda a la derecha. Lo mejor es que al salir suben la rampita y se encuentran con una librería que se llama Posman. Van a gozar ahí!!!
http://www.nytimes.com/2014/11/05/realestate/commercial/time-is-running-out-for-a-grand-central-bookstore.html?ref=nyregion&_r=0
Grand  Central Station (en la 42 y Park más o menos)



12- Junoon. Restaurantes indios hay muchísimos en NY, pero este es semi elegante y distinto. La comida con esos sabores sublimes, tipicos de allá. Buena atención.
27 W 24 st


13- Momofuku. Fui por el ambiente, pero se llena tanto que es dificil. Además no aceptan reservaciones. Pero está de moda, y es divertido ver  quien anda por ahí y con quien (jaja). Hay que ir al Ssam. También hay uno que es un noodle bar, que no conozco.
207 2nd Ave (por la 13St)


 





14- Bagatelle. Si estas en el Meat Packing District, y ya te has comido las papitas fritas del Standard, ve a Bagatelle. No es barato, pero claro, hay Bagatelle en St. Barth...
Se arman unas fiestas en el bar que divierten solo de verlas. Queda en una esquina todo abierto para que te vean. En fin, vale la pena.
1 Little St en la calle 12


15- Chelsea Market. Si ya andas por el Meat Packing, y caminaste un rato por el High line, no dejaria de visitar este lugar. Es suuuper especial y tiene muchos lugarcitos para comer. Yo desayuné, pero puedes comer lo que quieras en un ambiente informal y nada costoso.
75 9th Ave (en la calle 14)


16- Cipriani Downtown. Si logran la mesa de afuera...wow!!!
Yo pido la pastina esa que es famosa (Baked Tagliolini with ham). No como más nada, pero bueno Cipriani es Cipriani. 

376 W Broadway


Hasta aquí lo dejo!! Bon appétit

 Y cuando no estes comiendo...


Freedom Tower


MoMa (Museum of Modern Art)



Whitney Museum
Jeff Koons en Guggenheim

Metropolitan Museum of Art



Guggenheim Museum

lunes, 12 de mayo de 2014

INDIA

CRÓNICA DE UN VIAJE ESPERADO


...viaje con nosotros, le trataremos como a una vaca (Air India)

Para empezar, escogí diciembre como la época ideal. Había estudiado el clima y sin duda la más fría del año era la ideal; escondía los olores que tanto parecían asustar a los viajeros, solapaba el sucio entre las neblinas, y el azul del cielo templado de fin de año parecía exaltar los colores de los saris, las flores y los estucos de los templos.
DELHI
Llegamos a Delhi  casi de madrugada.  En el aeropuerto nos esperaba el guía y ahora nuestro amigo, Prasanna Gautam. Fue el primer contacto con la calidez del indio. Amable en todo momento, atento ante cualquier petición. Tranquilo y apacible aún cuando tenía que confrontar quejas o complicaciones, y siempre con una sonrisa en el rostro. Nos llevó a nuestro autobús que para ese momento se veía como uno cualquiera, pero que más tarde descubriríamos que sería una suerte de hogar ambulante. 
Ese primer recorrido en penumbra lo único que nos permitió ver fue que Delhi es un ciudad que no duerme. Las calles repletas de gente como hormigas, llevando cosas de un lado a otro, cruzando las calles como si fueran los jardines de sus casa sin mirar a los lados e ignorantes de las máquinas que les pasaban rasantes y que ellos parecían percibir como algo más que alguno de los elefantes o vacas que merodeaban adueñados de las calles y aceras como los verdaderos jefes de esos predios.
Llegamos al hotel Oberoi. Todo un lujo de recepción. Nos dieron la bienvenida entregándonos guirnaldas de aromáticas flores de jazmín y también poniéndonos en la frente la tilaka o bindi que usan las mujeres hindues.  Agotados nos fuimos a nuestras habitaciones.
Todo estaba planeado para despertar tarde y así empezar a acomodar el horario a la nueva realidad asiática. Desayunamos un apoteósico manjar indio sin dejar a un lado las delicias tradicionales de un desayuno americano, así que entre panes picantes, yogures y frutas salimos a comenzar a formar parte de los mil millones de personas que hacen de esta vasta tierra su lugar de vida.  
El Tour de la ciudad  es algo que con el tiempo y los viajes he comenzado casi a aborrecer. Los lugares más visitados por tradición se han convertido para mí en los predilectos para ignorar, pero se me hizo difícil en Delhi y en las ciudades que siguieron y la única solución que encontré fue intentar pasar un poco más de tiempo en cada lugar para compartir el deber con el placer. 





Comenzamos visitando la Mezquita Jama Masjid, la más grande de la India, en el viejo Delhi en el barrio de Chandni Chowk, donde nos subimos en los carritos rickshaw que para deleite de todos nos llevaron como en una carrera de obstáculos entre carretillas con mercancía, perros, vacas y gente, siempre mucha gente. Pasamos por infinidad de puestos de comidas rápida estilo hindú de aromas nuevos y extraños, tiendas de especies con sus tobos de variados y resplandecientes polvillos de curry y otras especies, tiendas de telas coloridas cuyos bordados brillaban llenos de fantástica pedrería y entre ellos, puestos de barbería y dentistas con sus clientes y pacientes sentados disfrutando el paso de la gente por esas estrechas calles mientras les era extraída una muela o cortado su pelo. Vimos pasar un cortejo fúnebre con un muerto cubierto por una tela blanca y rodeado de flores amarillas  sostenido por hombres delgados que caminaban descalzos  con un paso rítmico en camino a la pira municipal. Mas tarde nos subimos en nuestro animal moderno donde fuimos saludados por Mohan y su ayudante Sonny quien parecía un recolector de pasaje de un “carrito por puesto” caraqueño, ya que no hacía nada más que acompañar a nuestro sosegado y alegre conductor. Desde ahí arriba vimos el lento pasar del cuerpo sin vida de un hombre que seguramente ahora está viviendo en el cuerpo de una hormiga o con suerte de algún animal un poco más grande.



Seguimos camino al Qutub Minar donde están los restos de un minarete símbolo del poderío mogol de cinco siglos atrás, hasta la instauración de la democracia en la India y cuyo origen han permanecido bajo un velo de misterio. Nuestra guía local nos da una larga explicación del paso de estos invasores en tierra hindú, sus conquistas  y las costumbres que trajeron del norte.
Nuevamente con apetito, decidimos almorzar en una panadería local del lado de Nueva Delhi que es totalmente otra cosa, limpia, con calles anchas; son como dos ciudades distintas. Aprovechamos de probar sándwiches, croissant locales y todo tipo de pasta seca.
Continuamos hacia los predios de la tumba de Humayun, un templo mogol de tenues tonos rojizos y ejemplo importante de la arquitectura imperial de los mogoles. Para terminar la tarde turística fuimos,  al Raj Ghat, el monumento erigido en honor a Gandhi alrededor del sitio de su cremación, en las riberas del Ganges.  Como hicimos este viaje a sólo un mes del bombardeo en Mumbai el turismo foráneo estaba en su nivel más bajo, pero la industria local es tan grande que el lugar estaba lleno. Parejas de jóvenes, niños vestidos a la usanza de Gandhi, grupos de mujeres. De repente un grupito de niñitos inquietos decidió hacer de nosotros su diversión de la tarde y nos persiguieron pidiéndonos dinero. Prasanna nos alertó que no debíamos darle limosna, así que entre fotos y sonrisas nos fuimos alejando en dirección a nuestro autobús, no sin antes sucumbir al lamento infantil y dejarles algunas pocas rupias. Ya en la carretera de regreso al hotel nos dimos cuenta que estábamos rodeados de un enjambre de niños. Nos venían siguiendo desde varios kilómetros atrás. En un semáforo se subieron intentando llegar a las ventanas. Terminamos entregándoles parte de las chucherías que trajimos desde aquí y que teníamos dentro. Los niños nuestros decidieron relacionarse con sus pares asiáticos, ambos grupos se entretuvieron mirándose. Los indios hacían maromas para divertirlos. Actos acrobáticos sorprendentes. Consiguieron un mono y lo subían con un palo hasta que llegaba a estar cara a cara con los niños, sólo separados por el cristal. 



Esta es Delhi, la capital del segundo país más poblado del mundo.
En la noche salimos a cenar a un restaurante de comida hindú de la región  de Cachemira. Veda en el Inner Circle de Connaught Place. Comimos como maharajás. Sabores sublimes. Inolvidables. Regresamos exhaustos, tristes de darnos cuenta que nos faltaba mucho por ver, pero preparados para seguir camino hacia Agra. 

AGRA

En una mañana neblinosa y como aventureros de otros tiempos nos encaminamos a cinco horas de recorrido, doscientos kilómetros al sur. Nuestro destino el Taj Mahal. Salir de la ciudad fue sorprendentemente difícil. Había un trafico endemoniante. Miles de personas literalmente, cruzando las calles. Elefantes con carga pesada en sus lomos. No puedo dejar de sorprenderme con esto.  Me volví fanática de estos exóticos paisajes pseudo urbanos. El camino parecía que nunca iba a terminar, pero nuestra casa con ruedas se convirtió en algo tan divertido, que resultó hasta placentero el transcurrir de las horas allí dentro. Éramos dieciséis personas y había unos cuarenta puestos, así que se convirtió en un deporte infantil el variar constantemente de puesto. Los grandes leíamos, conversábamos, dormíamos o mirábamos por las ventanas hacia fuera. La gente parecía igualmente sorprendida con nosotros y disfrutaba nuestro paso por sus calles sucias y coloridas a la misma vez. Fue difícil soltar la cámara de fotos. Todo merecía ser captado por el lente. Fueron tantas las imágenes que no me cabían en la mente, así que aproveché la memoria externa que ofrece mi cámara para guardar algunas y disfrutarlas a mi regreso.
En ruta nos paramos en el templo Sikandra, donde yace la tumba de otro Emperador mogol, Akbar y está permanentemente custodiada por una legión de monos, que esperan a los visitantes sentados en un muro en la entrada moviendo sus colas y observando con caras desconfiadas a todos los osan entrar. Allí conocimos a Rafael, nuestro guía local por los siguientes dos días. 

Rafael nos distrajo horrores. Era un profesor nato. Nos repetía las historias como mínimo diez veces. Intentaba asegurarse que todos hubiéramos comprendido y que nos hubiéramos situado cronológicamente. Nos resultó muy divertido, además que era la versión india de un familiar cercano y de allí el nombre con el que, al estrecharnos las manos, lo bautizamos. Juro que no he olvidado ninguna de sus palabras. 
Al atardecer llegamos a Agra,  la tierra que vio nacer la magnífica tumba de Mumtaz Mahal.  Las habitaciones de nuestro hotel tienen vista al imponente Taj Mahal.  El hotel es de un lujo difícil de describir,  tiene un ambiente tranquilo y sereno, con atención impecable, sin zalamerías, ni excesos.  Sorprende enormemente el contraste entre la vida fuera de los predios del hotel y la que se desarrolla allí dentro. Me gusta esta forma de conocer la  India, pero entiendo que no siempre es posible.  Vivir  como un miembro del Raj británico y a la vez convivir con el pueblo raso, todo a la misma vez. Ambas indias son verdaderas y ambas hay que conocerlas. Quizás es la clave de éxito. Para reconfirmar mi tesis, me anoté en una terapia ayurvédica donde eligieron por mi, los aceites adecuados para lograr el balance de las energías de mi cuerpo o al menos de eso me convencieron. Al salir sentí una harmonía nueva entre cuerpo y alma y casi hipnotizada por las sensaciones, decidí repetir el tratamiento la noche siguiente.

Nos  levantamos muy temprano,  antes del amanecer. Había algo muy particular en la visita al Taj  Mahal. Para los que hemos viajado y además nos hemos dedicado a la industria turística, resulta quizás un cliché este monumento. Llegué a Agra con esa sensación,  pero no, el lugar te gana, te enamora. Nadie puede imaginarlo, sólo puedes sentirlo parada allí. Es una perfecta amalgama de sensaciones. Todas juntas provocan el efecto por el cual el templo es casi venerado aún siendo la tumba de una reina. 
Atravesamos el umbral del templo que antecede al Taj Mahal y nos quedamos atónitos al constatar que el monumento había desaparecido. La bruma era tan densa que sólo a dos o tres metros de distancia se podía ver el edificio. 
Durante el día visitamos el Fuerte Rojo pero insistimos en llevarnos un recuerdo final de este lugar magnífico y una vez más volvimos al Taj Mahal.
Nuevamente de viaje, ésta vez partimos preparados para uno largo, en dirección a la selva. Vamos a Ranthambore. El parque donde se encuentra la reserva más grande de tigres de la India.

FATEHPUR SIKRI

En ruta nos detenemos en Fatehpur Sikri, antigua ciudad abandonada por falta de agua potable. La historia contada por Rafael es tan vívida que nos fascina. Pasamos varias horas sintiéndonos parte de un harem, algún maharajá y uno que otro esclavo.
Subimos a lo que ya habíamos asumido como nuestro hogar. Llevábamos casi 3 horas de camino y nos esperaban todavía unas seis más. Es difícil describir cómo puede un autobús con comodidades limitadas convertirse en un espacio de felicidad, de risas y a la vez de serenidad y sosiego. Creo que ya nos fuimos contagiando del ser hindú. Dentro el autobús estaba decorado con variados y muy coloridos afiches de dioses hindúes. Prasanna se ocupó de explicarnos brevemente quienes eran y qué representaban. Los tres grandes son infaltables en cualquier casa, Brahma, Vishnu y Shiva, pero también está Ganesha. Nos encantó ese elefante que representaba a la sabiduría. Terminamos comprendiendo que en un país con una población como la de la India, es lógico que haya miles de dioses a quienes adorar. Nuestros recién adquiridos conocimientos de religión asiática nos llevaron a comprender un poco mejor las reencarnaciones y los karmas. El tema se volvió seductor. 
Nuestro padres adoptivos en la India, Prasanna, Mohan y Sonny  nos tenían preparada una sorpresa. Para ellos, un inteligente plan urdido a nuestras espaldas. Habían alquilado una película que se desarrolla la ciudad olvidada que acabamos de visitar y que dura casi cuatro horas. Nos quedamos hechizados con la historia de amor entre Jodha y el Emperador Akbar. Hasta los niños están embelezados con esa pequeña pantalla que nos hizo enamorarnos de nuevo. 
Comenzó a anochecer mientras atravesábamos pueblos de gente que no descansa y los que sí lo hacían, tenían sus camas sobre las aceras. Nuestra gran residencia con ruedas se crecía  al saberse dueña del camino. Todos los otros vehículos se detenían para darnos paso en una carretera de una sola vía pero circulada por vehículos que van y vienen en ambas direcciones. Nuestros maestros nos aclaran humildemente que no somos reyes, ni emperadores de épocas modernas sino que allí impera la ley del más grande. Ellos no se detienen nunca, ignoran los frenos. Jerárquicamente coronamos la pirámide. Por debajo nuestro están los bellísimamente decorados camiones de carga, los autos, las motos, las carretas tiradas por bueyes y por último y literalmente despreciados, están los peatones.





RANTHAMBORE

Llegamos al misterioso y romántico coto de caza de los antiguos maharajá de Jaipur. Tierra de Kipling y del tigre bengala. Salimos a nuestro primer safari con el asomo del primer rayo de sol. No podíamos creer la temperatura que hacía pero los pobladores del cercano pueblo de Sawai Madhopur sí que la conocen, a las puertas de la entrada del parque nacional nos esperaban vendedores ambulantes de guantes y gorros que nosotros compramos con entusiasmo e imperiosa necesidad. Así camuflajeados dentro de gruesos tejidos  de colores tierra y verdes abrimos las páginas del libro de la selva y nos adentramos en él.  Nos fuimos tropezando con templos dedicados a dioses y deidades que habían sido devorados por una vegetación que se adueña de todo. Nos invadieron una mezcla de aromas a tierra húmeda, a maderas secas y a animales escondidos. Pasamos lagos y bosques hasta que de repente el ambiente se tiñó de naranja y negro. Ahí estaban dos tigres, inmensos, imponentes. Levantándose con pereza. Fue inevitable sentir temor. Se acercaban a nosotros lenta y  pausadamente, pero firmes y determinados. Sus ojos amarillos se cruzaban con cada uno de los nuestros. Estábamos entregados. Llegaron a escasos cinco metros de nuestro vehículo. Nadie habló, sólo esperamos nuestro destino. Nos pasaron de largo, se alejaron. Juguetearon entre ellos. Nos entró la euforia. ¡Lo logramos! Somos pocos los que vivimos esta experiencia. Los tigres son escurridizos y también ellos nos tienen miedo. Regresamos triunfantes a disfrutar de nuestro hotel cinco estrellas en medio de la nada.
Para mi era la hora perfecta para la meditación y el yoga. Me había preparado antes de salir de viaje asistiendo a algunas clases de yoga y esta lugar me invitaba. Me reuní con otros dos personas y con el yogui.  La clase comenzó con las sílabas que se repiten incansablemente en toda Asia, OM, el principal de todos los mantras. Esta clase, y la del día siguiente me dejaron descubrir el verdadero yoga. Una práctica que sólo busca llegar a un estado de concentración total  donde la mente se disuelve y se libera de sus propios pensamientos. Poco importan las posiciones que asumimos como una especie de ejercicio light para mantenernos en forma, olvidando el verdadero sentido de ésta práctica milenaria.
Seguimos viajando, teníamos la sensación de haber llegado a este país hacía mucho, pero llevábamos sólo seis días y nos restaban otros seis más. Nuevamente Mohan y Sonny nos distrajeron con el programa del día dentro de nuestra casa que se muda cada dos días de ciudad. Esta vez fue música. Todo un repertorio de canciones folclóricas y rituales hindúes que llenaban el espíritu al escucharlas. Música relajante. 








JAIPUR

Estábamos distraídos cuando apareció Jaipur, esta ciudad teñida de colores rosados. La entrada fue soberbia. Nos dejó boquiabiertos.  Esa misma tarde visitamos el grandioso Palacio de Ámbar o el infierno de los elefantes ya que estas tristes bestias pasan su día subiendo y bajando turistas con pamelas, excesos de protector solar y lentes oscuros. Por momentos se me ocurrió que los karmas existen y que cada uno de ellos fue un ser humano que una vez despreció a estos animales y ahora lleva cientos de reencarnaciones hasta llegar al honorable elefante. Al bajar nos encontramos a una mujer hindú que se ofreció a hacernos dibujos con henna en las manos. Todas las mujeres aceptamos. El resultado de nuestro tatuaje fue perfecto. No quería que desapareciera, pero entendí que sólo sería parte de mi por quince días. 


No seríamos mujeres si no sucumbiéramos al mágico hechizo de las tiendas. Regresamos a casa con saris, telas para manteles, souvenirs y casi al final y aprovechando el descuido de los maridos que se distrajeron comprando tabacos tipo chimó, entramos en la joyería india por excelencia, The Gem Palace. Hay maravillas. Te ciega tanto oro y piedras preciosas y semi preciosas. Los indios son grandes vendedores. Te permiten probarte todo independientemente del precio de la joya. Más tarde una amiga joyera me contaría que no hay siquiera cámaras de seguridad en el lugar. Hoy me pregunto si lo que compré con un arduo trabajo de regateo y a cambio de un importante desembolso de rupias sería sólo el brillo de la más pura fantasía.
Esa noche una vez más, optamos por comer comida hindú. Habíamos aprendido a digerir mejor el picante, y comenzábamos a entender la combinación de éste con el yogur; además nos convertimos en amantes de la lentejas. El pan Nan nos enloqueció y por supuesto no perdonamos a un cordero cada noche. Lo comimos en todas sus preparaciones. Adquirimos cierto misticismo en el ritual de las comidas.



Nuevamente rodando, ya éramos parte de ésta árida tierra. Conocimos parte de sus costumbres. Nos conquistó su extraño humor.  Ese día escogimos la frase “horn please” como lema.
Nos habían explicado que el sonar la corneta era considerado un saludo cordial y hacerlo denotaba amistad y simpatía. Mohan se la pasaba con la mano sobre la corneta de nuestro autobús saludando a sus otros pares. 

UDAIPUR

Así llegamos a Udaipur. Ciudad al sur de Rajasthan que se levanta a orillas de lago Pichola.  Romántica, apacible, cálida. Nos sentamos en nuestro hotel con vista al lago y disfrutamos de un aperitivo a la tenue luz del atardecer. Tanta tranquilidad es difícil de describir. Nos quedamos todos mudos disfrutando del escandaloso silencio y después nos retiramos a nuestras habitaciones y cada uno de nosotros se convirtió en maharajá y maharani por una noche. Piscinas privadas y masajes completaron una noche de hedonismo total.



La mañana siguiente comenzó con discusiones. No todos querían visitar el templo de Ranakpur. Había escogido este lugar por ser un templo jainista, que es una derivación extrema del hinduismo. Es un templo puro, considerando que todo lo visitado había sido construido por los conquistadores: los emperadores mogoles. 
Nuevamente horas interminables de recorrido por una carretera sinuosa llena de precipicios a través de las colinas del Aravalli para llegar al remoto y pacífico valle donde fue construido el soberbio templo.  Ya a lo lejos se percibe como un lugar celestial pero cuando uno entra, dejando los zapatos entre muchos otros a las puertas del templo se da cuenta de que va más allá de los adjetivos. La sensación de bienestar, de armonía, de calma que se te impregna en la piel y se queda allí para siempre como tinta indeleble simboliza el agradecimiento de la diosa Adinath por rendirle homenaje con nuestra presencia. Pasamos horas merodeando por el templo entre las miles de columnas, cada una distinta a la otra, que sostienen sus labrados techos. El lugar llama a la reflexión, al rezo, a la entrega. Además el sol vespertino produce un juego de luces y sombras que atrapé con mi cámara y traje de vuelta a casa junto con la certeza de haberme deleitado con un lugar lleno de misticismo y divinidad. 







La mañana siguiente empezó con el triste momento de las despedidas. Dejamos atrás nuestra  casa y a dos de nuestros fieles protectores. Viajábamos a Delhi en avión.
En Delhi cambiamos de hotel, esta vez nos quedamos en el Imperial. Este hotel es como para Churchill, muy inglés. Nos encantó. Además a pocos minutos estaba el Jan Path, para hacer compras que nos faltaban, para llevarnos de todo a cambio de un pedazo de nuestro corazones que dejamos allí con esta gente.
Después de dos días más en la capital, tomamos el vuelo sobre los Himalayas afganos y una máquina prodigiosa en pocas horas nos puso en la ciudad luz, a la que llegamos con las maletas con exceso de recuerdos y la satisfacción de la tarea cumplida.
Delhi - Delhi Oberoi / Imperial
Agra - Amarvilas 
Ranthambore - Vanyavilas
Jaipur -  Taj Rambagh Palace
Udaipur - Udaivilas





viernes, 14 de marzo de 2014

MARRUECOS: Marrakech y el desierto

“Si no subes a ese avión, te arrepentirás. Quizás hoy no, quizás mañana tampoco, pero pronto y para el resto de tu vida.” Rick Blaine (Humprey Bogart) Casablanca 1942
Viaje de 8 noches a Marrakesh, la ciudad roja,  y el desierto Erg Chebbi
 
MARRAKECH 31°38′N 8°0.34′O 

Desde Madrid hay unos 1000 km a Marrakech. En un vuelo de menos de dos horas llegas a esta exótica ciudad del centro de Marruecos. También hay conexiones desde casi todas las ciudades europeas.


HOTELES
La Mamounia *****
Así se describe a si mismo:
“Érase una vez La Mamounia...”. 90 años de historia y ni una sola arruga... Desde 1923,  fecha de su primera apertura, este hotel legendario ha sabido seducir a miles de espíritus en busca de lujo, sosiego y voluptuosidad...
Es el hotel de lujo por excelencia. Su punto fuerte es la ubicación, queda a pocos  pasos de la medina de la ciudad y de su famosa plaza.
Tiene unos jardines espectaculares llenos de naranjales y otros frutales, flores y palmeras. Una piscina inmensa y un gimnasio buenisimo fuera del edificio principal.

La arquitectura es típicamente marroquí e incluso los cuartos, aunque remodelados, están construidos siguiendo el estilo árabe. En los baños hay aromas super exóticos de sus "gadgets" de baño, y las pantuflas típicas de los hoteles, en este son babouchas puntiagudas. 
La Mamounia no es un hotel "boutique", ni pretende serlo, tiene unos doscientos cuartos además de tres lujosos Riads dentro del jardin, con piscina propia y  habitaciones gigantes.
Precio: Desde US$ 560 por noche en habitación standard
Es Leading Hotels of the World

Sofitel Marrakech *****

Por el estilo del anterior. Es hotel grande con lindos jardines y bastante cerca al medina y  de muy buenos restaurantes. Aunque ambos tienen cinco estrellas, a este le falta algo, igual no se queda atrás en su intento. Yo diría que es cuestión de bolsillo
Precio: Desde US$ 250 por noche

Amanjena *****

Un hotel bellisimo, con cancha de golf y todo,  aunque más intimo que La Mamounia. No es cerca de la medina. Queda como a 6 km fuera del centro lo que te obliga a tomar un taxi para acercarte a la ciudad.
Precio: desde US$ 650

Riads

En Marrakech habría que aventurarse con los muy de moda "Riads".  Son casas viejas con jardines interiores que estaban venidas abajo y que han sido reconstruidas y remodeladas muy al estilo marroquí, pero con todos los lujos. Son pequeñas y alojan pocas personas, lo que da una sensación de intimidad que no ofrecen los grandes hotels. A veces ni te enteras que se alojan otros huéspedes. Muchas están en la medina. Los precios varían según la calidad. He oído sobre La Orangerie y también La Maison Arabe. Estas dos son costosas, pero sin duda, de volver, me quedaría en estos o en algún Riad para vivir la experiencia.

RESTAURANTS

Hay varios de comida marroquí riquisimos, pero una fusión interesante de francés con comida asiática es el Bo & Zin. Tiene mucho ambiente, con música, gente linda…te cambia toda tu perspectiva de comer  en un lugar típico marroquí de muchos platos, y la "tagine" en el medio, quede todas maneras  tienes que probar y sin duda, disfrutar!
Nomad es todo chic aunque lo encotrarás en la Place Rahba Kedima en la zona de las especias de la Medina.

TIPS

Las estadías dependen siempre de la disponibilidad de tiempo que puedas aprovechar y según este uno se  adapta e intenta  sacar el mayor provecho de las horas, días o la semana que tengas.

Un guía conocedor es imprescindible.
Si viajas por tu cuenta, los hoteles y los riads siempre contarán con alguno, y si traes tu viaje organizado, sin duda alguien te estará esperando y te acompañará durante tu estadía. Es clave que sea del lugar para que se desenvuelva bien dentro de la medina y puedan aprovechar los días al máximo.

Qué no debes perderte

La Plaza principal es como el símbolo de Marrakech. Se llama Djemaa El Fna. Es muy pintoresca y caótica a la vez, llena de stands de ventas de jugo de naranja y otras frutas, souvenirs etc. Al lado, está la medina, con su laberinto típico lleno de pequeñas tiendas agrupadas según la actividad. Es un placer pasearlos.
Esa medina fue fundada por los Almorávides en el 1070.
Si llegas en la tarde, camina hasta ahí de noche cuando se llena de entretenedores y cuentacuentos. Luego la mañana siguiente regresas con más tiempo y exploras los zocos.

Muy cerca, de hecho, se va caminando, está la Mezquita Koutubia y el Palacio de la Bahía.
También merece una visita la Madraza de Ben Youssef.  Un poco más lejos, pero aún dentro de la ciudad, allí están los jardines de la Menara. Es lindo el atardecer desde allí y las vista a la Cordillera.
Alquilar un Fourtrax (quad bike) para recorrer el desierto. Salimos de Palmeraie. Es emocionante, toda una aventura. Una parte del recorrido lo haces por la vía entre carros.

Atlas centrales y el desierto
 
Complementar Marrakech con la excursión al desierto es esencial. Normalmente viajas por tierra, así que sales después del desayuno y comienzas a subir las montañas.   Al llegar al tope te encuentras con un pequeño monumento que te hace saber que has atravesado el Paso Tichka a 2260 msnm. En el camino podrás ver asentamientos bere beres y luego comienzas a bajar para llegar a la primera parada: Una de las Kasbahs mejor conservadas y más grandes del mundo. Se llama Ait Benhaddou. En ese lugar filmaron entre otra películas, algunas escenas de Gladiador.
Ouarzazate es un buen lugar para almorzar. Sigues la ruta que llaman de las Mil Kasbahs  y puedes parar a pasar una o dos noches en un lugar excepcional. Es una pequeña kasbah que queda por el Valle del Dadès, en un oasis de palmera que se llama Skoura. 
DAR AHLAM *****
...Un lugar para disfrutar la fragancia de los almendros en flor,  participar en la recolección de dátiles y aceitunas al estilo tradicional. También para salir a descubrir los valles del Dadès y del Drâa en un 4x4, en bicicleta, a lomo de  burro o camello. También puedes pasar el día en la casa, la piscina, sus saunas, o los jardines. Y para vivir una noche inolvidable, puedes dormir entre las dunas en uno de sus campamentos bajo la luz de las estrellas.Precio: cerca de US$ 1100 por noche por habitación con todas las comidas y bebidas incluidas.Siguiendo camino se llega a Dadès y se hace la ultima parada antes del desierto. Hay que tomar en cuenta que son unos 560 kilómetros desde Marrakech.

XALUCA DADES **** 
Es un hotel ubicado en Boulmalne, un lindo lugar con unas vistas preciosas y con la posibilidad de hacer paseos por la montaña. Está muy bien para pasar una noche. Incluye la cena tipo buffet. Las habitaciones están bien mantenidas y son espaciosas. Precio: US$ 180 por noche con media pensión por habitación. Finalmente, pasando Erfoud, se llega a la entrada del desierto. Aquí se dejan los carros y te montas en un camello hasta el pueblo que se llama Merzouga. Casi en el destino final: tus carpas en el desierto Erg Chebbi, ahí es la parte más arenosa del desierto. Paseas largo en camello hasta el atardecer disfrutando el cambio de temperatura de la arena y el ambiente con la caída del sol.  Después regresas al campamento de lujo en el que vas a pasar la noche, si vas en los meses de frío y te toca la primera carpa, tienes asegurado un congelamiento de varias horas, porque lo que resguarda del frío son las  grandes alfombras que hacen las veces de paredes...no es suficiente, pero el lugar es maravilloso. 

El regreso más recomendado es en avión, desde un aeropuerto que queda a una hora. Hay charters privados que obviamente resultan mucho más costosos que regresar los seiscientos kms en autobús, pero vives la experiencia de volar sobre el desierto y aterrizar en Marrakech una hora más tarde.
En este viaje puedes considerar regresar por Casablanca. Una ciudad más bien descuidada y donde, aparte de la Mezquita Hassan II que es enorme y muy bien mantenida, el resto decepciona, pero queda a poco menos de 3 horas por tierra de Marrakech, y todas las lineas europeas  operan desde ahí.  Con un día de visita tienes suficiente para darte una idea de lo que es la ciudad que nunca sirvió de escenario para la película que lleva su nombre.

jueves, 27 de febrero de 2014

EL CAIRO

JULIO CESAR, MARCO ANTONIO, AHORA SIGUES TU...

 A veces ciudades diferentes se suceden sobre
el mismo suelo y bajo el mismo nombre, nacen y mueren sin haberse conocido,
incomunicables entre sí.
Italo Calvino


Egipto hay que visitarlo al menos una vez en la vida. Lleno de historia y del gran legado de civilizaciones antiguas…el imperio del Nilo, desaparecido más no olvidado.
Curiosamente,  es el único país del mundo que mantiene sus fronteras intactas geográficamente desde 3000aC.
Fuimos a Egipto en el mes de diciembre, hace unos años. Creo que disfrutamos de un clima ideal,  aunque entre octubre hasta abril hay buen clima. La temperatura en las noches decembrinas puede bajar a 5 grados centígrados. En el Cairo aprovecha los días al máximo y en la medida de lo posible trata de pasar un mínimo de 3 días completos.
Es difícil lograr un viaje perfecto pero parte del éxito cuando visitas estas ciudades ricas en historia y su legado, está en un viaje bien planificado. Nuestro itinerario fue bastante estudiado, aún así nos faltó tiempo. En total pasamos 10 noches.

Llegamos al Cairo en la tarde y esto nos permitió disfrutar de unas de las mejores vistas que he tenido desde un avión: la explanada de Giza, pirámides, esfinge, todo… Así que en la medida de lo posible trata de reservar un vuelo de día para que entres en ambiente con este paisaje. Es la única forma de alcanzar con la vista todas estas maravillas juntas.

Nos quedamos en el Mena House que es un hotel de la cadena Oberoi. Este hotel junto con el Four Seasons at The First Residence son los únicos cinco estrellas en Giza. El hotel es gigante con habitaciones amplias y cómodas. Las nuestras con vista a las pirámides, increíble y recomendado! Tiene jardines y varios restaurantes.
http://www.menahousehotel.com/ 

TURISMO
No dudes de ir con un guía. Generalmente están bien informados sobre lo que está pasando en la ciudad  y también lo que pasó hace unos miles de años. Si no lo contratas con anticipación, en los hoteles siempre tienen tours disponibles.

Las pirámides y la Esfinge. Se visita todo en un mismo día. Llegas a la parte alta, si vas en autobús te deja un poco más alejado, pero si vas en taxi te deja casi en las taquillas. Lo ideal es llegar muy temprano para lograr comprar entradas para la Pirámide de Keops. Sólo venden 150 para la mañana y 150 para la tarde.  Una vez allí dependiendo de lo que consigas organizarás tu visita ya que en caso de no conseguir la entrada puedes entrar a la pequeña (Micerinos) que sí es fácil. En todo caso, aparte de entrar a la pirámide, y aunque es súper turístico seguramente querrás tomarte la foto montado a camello con las pirámides de fondo. También puedes visitar el Barco Solar.  Finalmente en la parte abajo está la Esfinge.  Ojalá tengan un guía de los que además de contarles la parte histórica, les cuente mitos y leyendas sobre la construcción de las pirámides.



En la noche pueden ir a uno de los shows de Sound and Light de la Pirámides y la Esfinge. No es gran cosa pero creo que hay que absorber al máximo. Tienen muchos horarios y lo hay en español.


Museo Egipcio.

Si les gusta lo egipcio y la historia de los faraones tómense su tiempo. Una mañana entera para que sientan que vieron algo. Esta lleno de tesoros. Espectacular! Además, el ambiente del museo, aunque desordenado, es sensacional. Te transportas a la época de esos descubrimientos. Se paga adicional para entrar a la Cámara de las momias. Vale la pena.

También hay un cuarto dedicado a los tesoros de Tutankamon pero creo que este si está incluido en la entrada del museo. Esencial un buen guía.





Khan el Khalili

Gran Bazar. Imperdonable la visita  para comprar souvenirs (aunque yo compré cosas lindas en la tienda del museo) .  Los locales van, pero por supuesto hay muchos turistas.



La Citadel

La “ciudadela” de Saladino está en una colina. Es un complejo muy grande con 3 mezquitas. La más importante la de Mohammed Ali. Es una muestra importante de arquitectura islámica. Gran parte esta hecha en alabastro. Se disfruta de un bello atardecer desde allí. Es un cambio del Egipto faraónico al Islámico.

Viejo Cairo y Cairo Coptico

Es una zona a la que se llega después de mucho tráfico y difícil acceso y luego una parte caminando. Es la parte más antigua del Cairo de hoy. Es la zona donde vivían los cristianos egipcios llamados coptos. Está la iglesia colgante que está dedicada a la Virgen María, la de San Jorge y otras.

Villa Faraónica es una recreación del antiguo Egipto, que a pesar de haber ido con niños nos pareció que no valía la pena.

Menfis, Saqqara y Dashur

Sin duda este paseo a las afueras es un “must” en la visita al Cairo. Se hacen las tres el mismo día y se almuerza en algún lugar por allá.

En Menfis encontrarás la estatua de Ramses II acostado y la esfinge de alabastro.

En Saqqara la pirámide escalonada de Zoser. La más vieja del mundo

En Dashur un complejo de muchas donde sólo quedan intactas la pirámide roja y la inclinada.

Restaurants en Cairo

Buda Bar (en el Hotel Sofitel El Gezirah)

En el Gran Bazaar el Rest  Naguib Mahfuz (con el nombre del Escritor  premio Nobel)

En el Mena House Oberoi el Mughal Room comimos muy buena comida india.

El Rest árabe del Grand Hyatt Cairo.

Abou es Sid comida árabe, muy variado. (recomiendo reservar). 

Golden Pharaoh es un crucerito por el Nilo tipo cena-show. Está ok.

Felfela es informal, pero bastante bueno. Tiene un menú egipcio para turistas pero se come bien.
PASEO A LOS OASIS
Les nombro algunos oasis en vista de que está súper de moda. Están diseñados para pasar unos 2 días . Duermes en carpa y durante el día hacen paseos en jeeps por las dunas.  El Bahareya (del que más he oido hablar),  El Faratra, El Dajla,  El Jarga.